Fecha: miércoles, 13 de mayo de 2020 a las 11:00h
Un aspecto clave en la situación en la que vivimos es el sector de la alimentación y las bebidas. En este campo, es necesaria una estrategia para que la cadena que permite su funcionamiento sea lo más resistente posible ante futuros imprevistos, como puede ser la crisis económica derivada de la emergencia sanitaria. Se trata de conseguir una “cadena de valor resiliente”, según el término empleado por el director en Barcelona del máster en Food and Beverage Sustainable Entrepreneurship de la Universitat Abat Oliba CEU y la SAA School of Management de Turín, Bram-Kees Trouwborst.
La cadena debe tener capacidad para “gestionar cambios bruscos en la oferta y la demanda y la eficiencia suficiente como para mantener niveles de precio y calidades razonables en momentos de crisis”. Por ello, este especialista apunta que “el hecho de poseer una cadena propia, gestionada de forma sostenible y que garantice condiciones justas para todos implicados, es esencial para la dinámica y supervivencia de la economía en momentos de crisis”.
Para Bram-Kees Trouwborst, desarrollar la sostenibilidad en el sector alimentario es fundamental porque contribuiría a superar una de sus principales debilidades: la dependencia del precio. Actualmente, los ganaderos y agricultores están en una situación “asfixiante”, ya que la presión a la baja sobre los precios reduce el margen de maniobra y los deja expuestos frente a la crisis. Esto también sucede a causa del dominio que adquieren agentes comerciales como los grandes supermercados. Según Trouwborst, “cada vez hay menos y los que quedan son los más potentes”. De este modo, adquieren una cuota de mercado que “les puede dar mucho poder dentro de la cadena de valor y así hacer dependientes a empresas proveedoras y a sus productores, lo que puede traducirse en la fijación de condiciones que pueden llegar a ser abusivas”.
Lo expuesto deja patente que cuando “el precio es la variable singular determinante en la cadena, cualquier cambio inesperado tendrá influencia negativa para los actores dependientes”. Así lo considera este profesor de marketing, que apuesta por la generación de valor a través de la sostenibilidad, lo que garantizaría un “reparto más justo del beneficio”.
Innovación y aprendizaje
Trouwborst también se centra en la innovación y el aprendizaje continuo, ya que harán el sector más resistente. La innovación es un factor beneficioso para el sector: “Por ejemplo, el desarrollo de prácticas y productos sostenibles puede tener consecuencias positivas estructurales para diferentes stakeholders en la cadena. Ante todo, mejorará el posicionamiento internacional y así el valor del sector entero”.
La innovación también genera diferenciación, otro aspecto clave. “Las leyes del marketing nos enseñan que una oferta única es lo que el público objetivo quiere percibir. Como consecuencia, el posicionamiento mejora y así el valor del negocio. La innovación también puede, más específicamente, significar un proceso de desarrollo de nuevos productos o la búsqueda de nuevas aplicaciones y servicios existentes”. Por ejemplo, “el desarrollo de uvas cada vez más resistentes a los cambios de temperatura es un claro ejemplo de este esfuerzo en diferentes bodegas”, apunta el docente.
Producto de proximidad
El otro gran pilar de la sostenibilidad es el producto de proximidad. En estos momentos, “presionados por precios mínimos, exportamos productos autóctonos al extranjero a tarifas más elevadas y por la misma razón importamos materias primas y artículos finales”, asegura Trouwborst. Aunque esta dinámica tiene un problema para “la agilidad y la tasa de reacción de los sectores”.
El experto se cuestiona “¿qué pasa con los productos alimentarios procedentes de países de Europa del Este y, más lejanos aún, como Asia? En periodos de crisis, la rapidez, el tiempo de distribución y el time-to-market son clave. La dependencia de terceros puede poner en peligro la seguridad alimentaria”. Por ello, se debe “incentivar la oferta y la compra de los productos de proximidad, garantizando un beneficio razonable para los productores y un precio moderado para el consumidor”.
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