🎓 Incidencia económica de estar en la eurozona

 En el año 1999, un grupo de países de la Unión Europea comenzó a funcionar con una moneda común, poniendo en marcha un proyecto de unión monetaria europea. Más de veinte años después, es buen momento para analizar el impacto económico que ha tenido para los países miembros la pertenencia a la eurozona. 

Fecha: miércoles, 29 de diciembre de 2021 a las 09:00h

Balance de dos décadas con euros en el bolsillo

En el año 1999, un grupo de países de la Unión Europea comenzó a funcionar con una moneda común, poniendo en marcha un proyecto de unión monetaria europea. Tres años después, el 1 de enero de 2002, empezamos a llevar euros en los bolsillos.  Al cumplirse dos décadas, es buen momento para analizar el impacto económico que ha tenido para los países miembros la pertenencia a la eurozona. 

Es lo que hace el profesor de Empresa y Economía, Albert Guivernau, en la tesis doctoral ‘Un análisis del proceso de creación, transformación económica y resultados derivados de la adopción de la adopción del Euro (1995-2017)’. La tesis fue defendida recientemente en nuestra universidad. 

Siendo un proyecto con voluntad de constituir una unión monetaria, la investigación examina en primer lugar si la eurozona puede ser considerada un Área Monetaria Óptima. La respuesta es negativa. La unión monetaria europea todavía no cumple completamente gran parte de los requisitos que establecen los teóricos de la cuestión.

Una de las principales carencias que alejan a la eurozona del ideal del Área Monetaria Óptima es la falta de similitud entre las estructuras productivas de los países miembros. “No tenían esta similitud en el momento previo a la adopción del euro y la implementación de éste ha contribuido a una mayor especialización productiva, pero no a una convergencia real en las estructuras productivas”, señala el autor. 

Asimismo, pone el acento en que “el fuerte aumento de la movilidad de capitales” a raíz de la implantación del euro no ha tenido correspondencia en una movilidad similar de los trabajadores. La movilidad del factor trabajo es otro de los requisitos que establece la teoría económica para identificar áreas monetarias óptimas. 

Guivernau, que es investigador de la Cátedra Jean Monnet sobre Integración Fiscal en la UE de nuestra universidad, añade que “no se puede hablar aún de una integración bancaria en sentido estricto”. También observa que “no existe integración fiscal” y, en este sentido, subraya el hecho de que “se pueden encontrar países con preferencias muy diferentes en el seno de la eurozona”. Tampoco se cumple con el criterio de “ir más allá de una unión económica”, ya que, en el plano de la integración política, “no se ha avanzado desde que el 29 de octubre de 2004 se firmara en Roma el Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa y éste no fuera ratificado por los países miembros”. 

Crecimiento más sólido en los países del euro

La tesis también pone de relieve que los países del euro han experimentado un aumento de crecimiento, mientras que los ‘no euro’ han visto cómo se reducían sus niveles de crecimiento anual. Estos últimos, afirma el autor de la investigación, “han ido perdiendo sus posibles ventajas competitivas a medida que pasaban los años”. Por el contrario, la eurozona “presenta un nivel de crecimiento más sólido”. 

Sin embargo, esta realidad no se correspondió con una mayor protección frente al estrago de la crisis financiera. “Impactó de forma muy similar en el conjunto de países de la UE, formaran parte o no de la eurozona. Es decir, la pertenencia al área monetaria no supuso una amortiguación del impacto de la crisis financiera”. 

En la incidencia de la crisis de deuda soberana sí que se manifestaron sustanciales diferencias entre países de la UE euro y no euro. Es sintomático el comportamiento de la tasa de paro, que “experimenta un fuerte aumento en los miembros de la eurozona a la par que una reducción en el resto de países de la UE”. Fenómeno que, a juicio de Guivernau, “evidencia la rigidez de los precios y la divergencia de estructuras productivas”. 

La tesis también verifica que el hecho de pertenecer a la eurozona propicia la reducción de las diferencias entre los estados. Esta convergencia entre países sucede “de forma mucho más pronunciada” en los países del euro.  

El papel estabilizador del euro

Uno de los elementos más destacados en los que se detiene la tesis es el elemento estabilizador del euro. Según demuestra Guivernau en su investigación, la pertenencia al euro “reduce la variabilidad de las macro-magnitudes de forma consistente en todos los países”, todo ello con independencia del año de adopción de la moneda única. En este sentido, el autor afirma que “el euro ha ayudado a la estabilidad económica de los países de la eurozona”. 
 

Balance de dos décadas con euros en el bolsillo